La lucha entre estos dos monstruos de la Fórmula 1 aún sigue viva en las retinas de todos los aficionados a los deportes de motor
Hoy la Fórmula 1 es sin duda alguna uno de los mayores espectáculos que pueden verse en el mundo del deporte. Monoplazas con una potencia descomunal y sobre todo pilotos dispuestos a jugarse la vida en cada curva lo convierten en uno de los eventos más atractivos para el espectador, especialmente si tiene ocasión de verlo en directo. Además, actualmente es mucho más accesible para cualquier tipo de público, desplazándose el campeonato por cuatro continentes y retransmitiéndose los grandes premios por televisión. Sin embargo, hubo una época en la que esto no era así, y todo empezó a cambiar con la que está considerada una de las mayores rivalidades de la historia del deporte: la de Ayrton Senna y Alain Prost.
Años después nos damos cuenta de que no es fácil entender la cronología de uno sin la del otro, aunque por aquel entonces no se podían ver ni dentro de la pista ni fuera de ella. Senna era el joven talento dispuesto a comerse el mundo y Prost el veterano estratega que controlaba al milímetro cada tramo del circuito. Desde que llegó al gran circo, el brasileño tenía como única meta y obsesión ser el mejor de todos los que estaban en la pista y secretamente la de estar siempre por encima del francés, llegándolo a reconocer cuando Prost se retiró definitivamente.
En 1984 debutaba en el Gran Premio de Brasil un joven de Sao Paulo que entonces tenía apenas 24 años. Muchos le veían como la gran promesa del motor después de haber pasado con éxito por el karting, la Formula 3 y algunas otras competiciones de bólidos. Lo hacía al volante de uno de los vehículos más modestos de la parrilla, el Toleman, aunque ello no le impidió conseguir sus primeros puntos en el segundo Gran Premio de la temporada (Sudáfrica). Mucho más poderosos eran los McLaren de Prost y Lauda, equipo que había hecho un gran esfuerzo para sacar al galo de Renault, escudería en la que había quedado subcampeón el año anterior. A pesar de esas diferencias la realidad es que Senna no estaba dispuesto a que un motor menos potente le apartara de la gloria que perseguía, y en el Gran Premio de Mónaco de ese año hizo una prodigiosa carrera en la que remontó del decimotercer puesto al segundo y sólo la suspensión de la carrera por la lluvia (a petición de Prost, líder en las calles de Montecarlo cuando levantó la mano) evitó que descorchara el champán por primera vez.
Los años siguientes fueron de dominio del francés, quien por fin lograría el Mundial en 1985 para repetir en 1986. Senna por su parte seguía mejorando a pasos agigantados y en esos años ya fue capaz de lograr sus primeras victorias con Lotus, equipo en el que había recalado para aspirar a lo máximo. En 1987 peleó de verdad por el título hasta el final aunque sería Nelson Piquet quien se llevara el gato agua, lo que provocó un efecto dominó y McLaren decidió apostar muy alto para recuperar el cetro perdido juntando en el mismo box a Prost y Senna. Desde el primer momento se vio que la convivencia no sería sencilla (aunque el propio Prost dio su visto bueno a la llegada del carioca a Waking, la cual podría haber vetado), y los roces entre ambos eran continuos. Por si fuera poco Senna lograba ser campeón en su primer año en la escudería inglesa, obligando a Prost a darlo todo para batir a su ya declarado máximo enemigo.
Quienes esperaban una batalla feroz entre los dos conductores no quedaron decepcionados y en 1989 la poca relación que tenían quedó irremediablemente rota por completo tras no cumplir Senna en el segundo Gran Premio (Imola) un supuesto pacto de no agresión para no perjudicar al equipo. Desde entonces el enconamiento fue continuo tanto dentro como fuera de los circuitos y ello perjudicó al ambiente pero no a su rendimiento, inflamado en ambos por las ganas de superar al otro. La lucha de gallos en el mismo corral acabó en Suzuka con la consecución del Campeonato del Mundo a favor de Prost después de que Senna fuera descalificado por causar un accidente entre los dos McLaren que le beneficiaba.
Harto de la situación, Prost se fue a Ferrari y allí no consiguió evitar que Senna se llevara el mundial de 1990, reduciéndose la tensión pero no desapareciendo (de hecho hubo un nuevo accidente en el mismo escenario que el año anterior, esta vez con distinto resultado). En 1991 Senna volvía a coronarse campeón y sólo unos meses después Prost se retiraba, aunque volvería a Williams en 1993 (con la condición de que el brasileño no fuera su compañero) para ganar el Mundial y retirarse esta vez definitivamente. Pero lo que mayor relevancia tuvo ese año fue el abrazo entre ambos en el podio final de Australia: el francés se retiraba y Senna perdía a una de las máximas motivaciones que tenía en el asfalto. Pero al final la rivalidad se convertía en amistad.
Desgraciadamente fue demasiado efímera, ya que aquel fatídico 1 de mayo de 1994 el genial Ayrton se dejaba la vida en la curva Jacques Villeneuve de Imola. Una vida dedicada a los coches y marcada por una pugna que será recordada durante muchísimo tiempo, especialmente porque derivó en un cariño y un respeto que aún hoy profesa Alain Prost, portador del féretro de Senna en su entierro y miembro de su Fundación.
