No sé el origen de mi fascinación hacia los faros, pero si sé que hay uno en mi camino, iré a visitarlo. Quizá se debe a que se trata de un destello de esperanza en la oscuridad, o a su capacidad de destacar entre la inmensidad.
En las Islas Cíes apenas hay huellas humanas, pero sí hay varios de estos colosos de piedra. Si han iluminado a todas las civilizaciones de la historia, por algo será.